La filosofía del hombre común no siempre es aplicable a todo lo que sucede. Pero a veces sí. Cuando una persona decide ingresar a una tienda a comprar un producto, cualquiera, pueden pasar varias cosas. Pero si encuentra lo que quiere, tal y como lo quiere, lo compra. Porque parte de la base que lo quiere hacer y tiene los fondos suficientes. Puede suceder que no le alcance el efectivo que lleva encima, o que sin darse cuenta le hayan robado la billetera, pero en general, cuando uno “va a comprar”: LLEVA DINERO. Por eso no se entiende cuando sucesivamente las ventas de Mexicana se “caen” porque los interesados no depositan los fondos. El caso más reciente es el de Med Atlántica, desde que confirmó su interés en la operación, al momento en que debió depositar los fondos pasaron casi dos semanas. Uno entiende, claro, no se tienen US$ 250 millones en la billetera ni es comparable la compra de una camisa, o un pantalón, o una cartera, con una líneas aérea. Sin embargo, las operaciones pueden fracasar por diversidad de motivos, pero que siempre suceda por que el dinero no aparece, es cuando menos sospechoso. ¿Y de qué dudar?, de todo… empezando por las intenciones. Por lo pronto, mientras los medios dan a Med Atlántica afuera del proceso, la propia empresa dice que no lo está y que, de hecho, depositó en tiempo y forma un adelanto de US$ 160 millones.
Como sea, el proceso comenzó a tener visas de culebrón. Aparentemente con Med Atlántica afuera, apareció otro interesado, Iván Barona que llegó a reunirse con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) pero no mostró la documentación que respalde el hecho que disponía de fondos… (¡otra vez falta de dinero!). En simultáneo y por causas poco claras, una manifestación de empleados y comandantes, terminó en una dura represión policial y en sindicalistas detenidos.
La Justicia y la SCT siguen esperando por un candidato, los empleados esperan por un nuevo dueño, la cuestión es que dudosamente el mercado espere por una nueva compañía. Sólo Lázaro quiere volver pero hasta los deudos ya parecen resignados a que no respirará de nuevo.
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