¡Cuidado con el circo!

Si para los periodistas generales, el Caso Candela es ineludible, para los de aviación sucede algo parecido con el accidente que protagonizara uno de los Saab 340 de Sol Líneas Aéreas hace pocos meses. La comparación no toma en cuenta, sin embargo, el hecho de que casi no existimos periodistas especializados en aviación comercial. Y justamente en estas instancias es donde la cuestión queda brutal y peligrosamente expuesta. Y a eso me refiero con el título.
La noticia de que un informe preliminar de la Junta de Investigaciones de Accidentes de la Aviación Civil (JIAAC) se remitió al juzgado donde se lleva adelante la causa, sacudió el panorama. El informe fue rechazado tanto por la compañía como por el sindicato de pilotos, la APLA. En este último caso tiene sentido: la organización gremial por definición siempre critica las investigaciones en dónde, en definitiva, se verifique (como dice el informe) errores del piloto. Es cierto, se debe admitir, que siempre es la respuesta más sencilla porque en general el comandante también es víctima y, aunque suene cruel, se le termina echando la culpa a un fallecido. Lo de la compañía es sutilmente más complicado, seguramente critíca el punto del informe en el que establece que el avión no estaba en estado aeronavegable debido a que sus hélices no habían sido sometidas al chequeo de mantenimiento correspondiente. En razón de verdad, la JIAAC dijo que de todos modos esa no fue la causa del accidente. La Junta responsabiliza a los pilotos por una deficiente planificación del vuelo, además de subestimar las alertas meteorológicas de los informes.
El circo al que me refiero lo suelen montar, en realidad, los medios. Como en otras ocasiones, la figura de Enrique Piñeyro comenzó a pulular por los medios y se convirtió en el responsable del hallazgo (¡qué casualidad!) de una supuesta fosa común donde se habrían enterrado, en el sitio del accidente, cuerpos, materiales y pedazos de la aeronave. No me consta la denuncia y tampoco he estado en Río Negro, pero lo cierto es que no está muy bien visto por la comunidad aerocomercial. Y no porque denuncie (de hecho algunas de sus denuncias son tan verídicas y escandalosas como las planteó, por ejemplo, en Fuerza Aérea S.A.). Sin embargo otros de sus alegatos son de carácter más dudoso.
Otra de las cuestiones que se puso en duda por estos días era fue el avión y la ruta. Esta es normal, convencional y para nada singularmente riesgosa. Y la máquina tiene la autonomía más que suficiente: el tramo a cubrir (Comodoro Rivadavia/Neuquén) es de 1.000 km y la máquina tiene autonomía para cubrir 1.700 km. Clarín pone en boca de familiares supuestas sospechas de los pilotos acerca del estado de dos aviones, singularmente el último par incorporado a la flota de Sol. Si esas dos últimas máquinas tenían requerimientos mayores de mantenimiento (es decir debieron pasar más tiempo en los talleres) o no, no me consta. Lo que resulta dudoso es que un piloto tenga dudas tan grandes y, sin embargo, acepte sentarse en el cockpit. Cuando alguna vez dudé ante un experto respecto de los comandantes él me explicó: “el pasajero no sabe ni decide. Pero el piloto sabe y decide y sabe que tiene su propia vida en sus manos… ¿Creés que saldría a volar si duda de la máquina?”. Además, si APLA puede parar y obstaculizar el trabajo en una compañía del tamaño de AR, ¿no puede hacerlo con Sol? ¿tienen miedo sus comandantes? No lo creo. Por último, pocos días después de la tragedia, un sindicato hizo una presentación ante la justicia con relación a la seguridad de la flota de Sol y de allí dos curiosidades finales: el gremio no fueron los pilotos, sino los tripulantes de cabina y en ese proceso la justicia falló a favor de la compañía puesto que tanto ella como la ANAC demostraron que los aviones estaban en condiciones. ¿Por qué entonces ahora la JIAAC habla de que le faltaban chequeos a las hélices, más allá de que la causa del accidente fue otra?

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