A Dios rogando y con el mazo dando

Debe haber sido una imagen extraña: un contraste notorio. Por un lado la tapa del Daily Telegraph y por otro, el telegrama. ¿Qué sentirán, qué pensarán los empleados de Qantas que han sido despedidos?… Bueno, para ser exactos el recorte está planteado pero aún no comenzó. Y la contradicción viene de la mano de las otras noticias que envuelven a la compañía. Por un lado se cursa un pedido multimillonario de aviones y se anuncia la fundación de una nueva subsidiaria en Japón.
Es difícil aceptar las declaraciones de Alan Joyce, CEO de Qantas, en el sentido de que los despidos son, en realidad, fundamentales “para la supervivencia de la empresa”. Que volar en aviones nuevos hoy es una cuestión ineludible desde el punto de vista del costo, eso explica los 110 aviones encargados. Ahora bien, en un sentido más binario, si hay dinero para comprar aviones porqué no lo hay para seguir manteniendo esos mil puestos de trabajo. Perdón. Si hay dinero para máquinas y para iniciar una nueva aventura empresarial en Japón, porque no hay fondos para los trabajadores. Algo de eso han comprendido los trabajadores que han convocado a huelgas para exigir garantías de que no perderán sus empleos.
La situación económica de las compañías no es fácil. La mayoría de ellas acusaron recibo de la inestabilidad del precio del crudo. Y están, en realidad, metidas en una gigantesca trampa. Por estos días el precio del crudo ha venido cayendo y eso es bueno porque les quita presión a los costos. Sin embargo, es reflejo de un malestar económico que puede conllevar a una caída en la demanda. De modo que caen los costos, pero también los ingresos. Si en cambio el viento sopla de otras latitudes, y la economía da señales de recuperación las empresas seguirán vendiendo y aumentarán posiblemente sus volúmenes de ventas. Pero eso significará también un precio del crudo más alto. Y de nuevo en cero.
También es notable el crecimiento de Asia y cómo eso genera nuevas situaciones competitivas y una mayor presión. La disputa de las grandes transportadoras asiáticas hoy es por convertirse en el mejor vector para unir Estados Unidos y Europa con las lejanas latitudes de Oriente. Desde esta perspectiva la región tiene múltiples puertas de entrada posible: Singapur, Shanghai, Tokio, Seúl y, la esperanza de Qantas, Sydney.
La decisión de fundar una low cost en Japón habla de meterse aún más en Asia y pensar en un futuro donde, quizás, esos vuelos de largo radio del primer mundo se ralenticen o enfrenten bajas de demanda y, en contraposición, el trafico intra-asiático se solidifique cada vez más.

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